Dra. Beatriz Aramburu de Pero-Sanz

Doctora  en Psicología por la Universidad Pontificia de COMILLAS.ICAI.ICADE

Diplomada en Técnicas Psicodiagnósticas por la RORSCHACH WORKSHOP EXNER (USA)

Diplomada en E.P.N.A. Centro de Psicoanálisis (Comillas) Madrid

Diplomada en  Sexología Clínica – Sociedad Española de Medicina y Psicología Psicosomática. Madrid

Adultos y adolescentes – Terapia de pareja – Extensa experiencia
TRASTORNOS DE LA PERSONALIDAD – PROBLEMAS EMOCIONALES –
INHIBICIONES EN EL APRENDIZAJE – DEPRESIÓN –
ANSIEDAD – TRASTORNOS PSICOSOMÁTICOS – DIFICULTADES SEXUALES, ETC​

Supervisión clínica orientada a terapeutas psicodinámicos en las dificultades o dudas que puedan tener hacia sus pacientes.

c/Mirador, 5 bajo – Edificio ACACIAS IV

03501-BENIDORM (Alicante)

Tel.: 96 6801373

mapaweb

aramburuenator@gmail.com

BLOG DEDICADO A LA DIFUSIÓN DE NOTICIAS, EVENTOS, ARTÍCULOS, RESEÑAS, BREVES, ETC. SOBRE LA TERAPIA PSICODINÁMICA, LA PSICOLOGÍA ANALÍTICA Y LAS TEORÍAS KLEINIANAS.

Para quien le pueda interesar desde Benidorm con afecto.

WEB:

https://sites.google.com/site/drabeatrizaramburu/

Advertisements
Posted in Uncategorized | Leave a comment

EROTISMO MISTICO DE LA INDIA – MIRCEA ELIADE

Toda mujer desnuda encarna la Naturaleza, la prakrti. Por tanto habría que mirarla con la misma admiración y el mismo desapego que al considerar el secreto insondable de la Naturaleza, su capacidad ilimitada de creación. La desnudez ritual de la yoguini tiene un valor místico intrínseco: si ante la mujer desnuda no se descubre en su ser más profundo la misma emoción terrorífica que se siente ante la revelación del misterio cósmico, es que no hay rito, sino un acto profano, con todas las consecuencias conocidas (reforzamiento de la cadena kármica, etc.). La segunda etapa consiste en la transformación de la mujer-prakrti en encarnación de la shakti: la compañera del rito se convierte en una diosa, de la misma manera que el yogui debe encarnar al dios. La iconografía tántrica de las parejas divinas (en tibetano: yab-yam, padre-madre), de las innumerables “formas” de budas abrazados por su shakti, constituye el modelo ejemplar del ceremonial sexual (maithuna). Se advierte la inmovilidad del dios: toda la acción está del lado de la shakti (en el contexto yóguico, el espíritu estático contempla la actividad creadora de la prakrti). O, en el tantrismo, la inmovilidad realizada conjuntamente sobre los tres planos del “movimiento” —pensamiento, respiración, emisión seminal— constituye el objetivo supremo. Aquí todavía se trata de imitar un modelo divino: el Buda, o Shiva, el espíritu puro, inmóvil y sereno en medio del juego cósmico.
   El maithuna sirve, en primer lugar, para dar ritmo a la respiración y facilitar la concentración: es pues un sustituyo del pranayama y del dharana, o más bien su “apoyo”. La yoguini es una joven instruida por el gurú y por tanto su cuerpo está consagrado. La unión sexual se transforma en un ritual mediante el que la pareja humana se convierte en divina. El pranayama y el dharana no constituyen más que los medios por los que, durante el maithuna, se logra la “inmovilidad” y la supresión del pensamiento, la “suprema gran felicidad” (paramamahasukha) de los doha-kosa: es samarasa (Shahidullah traduce ese término por “identidad de goce”; se trata más bien de una “unidad de emoción”, y más exactamente de la experiencia paradójica, inexpresable, del descubrimiento de la Unidad). “Psicológicamente”, el samarasa se obtiene, durante el maithuna, cuando el semen (shukra) y el rajas de las mujeres permanecen inmóviles. Los textos insisten mucho en la idea de que el maithuna es ante todo una integración de los principios. «La verdadera unión sexual es la unión de la prashakti (kundalini) con el atman; las otras no representan más que relaciones carnales con las mujeres» (Kularnava-tantra, V, 111-112). El Kalivilasa-tantra (capítulo X-XI) expone el ritual, pero precisa que debe realizarse únicamente con una esposa iniciada (parastri).
   Los tántricos se dividen en dos clases: los samayin, que creen en la identidad de Shiva y Shakti y que se esfuerzan por despertar la kundalini mediante ejercicios espirituales; y los kaula, que veneran a la Kaulini (“kundalini”) y que se entregan a rituales concretos. Esta distinción es sin duda exacta, pero no siempre resulta fácil precisar hasta qué punto un ritual debe ser comprendido literalmente. En muchas ocasiones el lenguaje tosco y brutal se utiliza como una trampa por los no iniciados. Un texto célebre, el Shaktisangama-tantra, consagrado casi por entero al satcakrabheda (“la penetración de los seis cakra”), utiliza un vocabulario extremadamente “concreto” para describir ejercicios espirituales. No se insistirá nunca demasiado acerca de la ambigüedad del vocabulario erótico en la literatura tántrica. La ascensión de la diosa a través del cuerpo del yogui suele compararse a la danza de la “lavandera” (Dombi). Con «la Dombi en su nuca», el yogui «pasa la noche en gran beatitud».
   Eso no impide que el maithuna también se practique como ritual concreto. Por el hecho mismo de que deja de tratarse de un acto profano, para convenirse en rito, y de que los miembros de la pareja dejan de ser seres humanos para pasar a estar “desapegados” como los dioses, la unión sexual no pertenece ya al nivel kármico. Los textos tántricos suelen repetir el siguiente adagio: «Por los mismos actos que hacen arder a ciertos hombres en el infierno durante millones de años, el yogui obtiene su salud eterna» (véanse los textos en nuestro libro Le yoga. Immortalité el liberté, Payot, 1954, págs. 264, 395). Es, como se sabe, el fundamento mismo del yoga expuesto por Krishna en la Bhagavad-gita: «Quien no se pierde en el egoísmo, cuya inteligencia no está alterada, al matar a todas las criaturas, no mata, y no se carga con cadena alguna» (XVIII, 17). En la Brhadaranyaka-upanishad (V, 14, 8) ya se afirmaba: «Quien así lo sabe, pese a cualquier pecado que parezca cometer, todo lo devora y es puro, limpio, sin envejecer, inmortal».

EROTISMO MISTICO DE LA INDIA en PDF

Posted in LIBROS | Leave a comment

EL HEROE DE LAS MIL CARAS – JOSEPH CAMPBELL

Esta es la primera obra popular que combina las percepciones espirituales y psicológicas del psicoanálisis moderno con los arquetipos de la mitología mundial. El libro crea una hoja de ruta para navegar por el frustrante camino de la vida contemporánea. Al examinar los mitos heroicos a la luz de la psicología moderna, considera no solo los patrones y etapas de la mitología, sino también su relevancia para nuestras vidas actuales y para la vida de cualquier persona que busque una existencia plenamente realizada.

El mito, según Campbell, es la proyección de los sueños de una cultura en una pantalla grande. El libro de Campbell, como Star Wars, la película que ayudó a inspirar, es una exploración de los grandes momentos del escenario que es nuestro mundo. Es un recurso imprescindible tanto para los estudiantes experimentados de mitología como para el explorador que acaba de comenzar a acercarse al mito como fuente de conocimiento.

 EL HEROE DE LAS MIL CARAS en PDF

Posted in LIBROS | Leave a comment

CONGRESOS DE PSICOLOGÍA ANALÍTICA

XXI CONGRESO INTERNACIONAL DE PSICOLOGÍA ANALÍTICA
DEL 25 AL 30 DE AGOSTO 2019
VIENA – AUSTRIA
*****
IV CONGRESO EUROPEO DE PSICOLOGÍA ANALÍTICA
DEL 30 DE AGOSTO AL 2 DE SEPTIEMBRE 2018
AVIÑON – FRANCIA
*****
CONGRESO LATINOAMERICANO DE PSICOLOGÍA JUNGUIANA
DEL 22 AL 14 DE JULIO 2018
“IDENTIDAD  LATINOMERICANA: LUCES Y SOMBRAS
BOGOTA – COLOMBIA
Posted in CONGRESOS | Leave a comment

Compromiso de Corazón. El extraordinario viaje de C. G. Jung al alma

Amigos, amigas y expacientes de Jung hablan de su personalidad y su obra.
Esta versión fue editada uniendo los fragmentos que se encuentran en Youtube.

Posted in VIDEOS | Leave a comment

DOCUMENTAL SOBRE CARL G. JUNG . PRIMERA PARTE

Está en inglés. Los subtitulos también en inglés están bastante bien.

Video | Posted on by | Leave a comment

DOCUMENTAL SOBRE CARL G. JUNG – SEGUNDA PARTE

Video | Posted on by | Leave a comment

EL METRO COMO METÁFORA DEL TRABAJO ALQUÍMICO – CARMEN ALONSO ECHANOVE

Los detonantes de la siguiente reflexión fueron un sueño en el que un amigo dormía en el último asiento del autobús al que yo subía y una serie de enfados con el servicio de la EMT (Empresa Municipal de Transportes de Madrid), concretamente con la línea Circular, con sus conductores antipáticos y groseros, con los frenazos y acelerones que nos ponen a todos los viajeros en serio riesgo de acabar en el suelo, con la irregularidad en su frecuencia de paso que impide hacer un cálculo aproximado del tiempo que se necesita para llegar a destino y un largo etcétera; ambas circunstancias orientaron mi atención hacia un hecho insólito que había permanecido hasta entonces en estado oculto, pre-consciente, y que no era sino mi súbita afición por el Metro como medio de transporte.

Siempre he preferido el autobús al metro, me gusta ir por la superficie en medio de la luz, contemplar el paisaje urbano con sus comercios y transeúntes, distraer la atención mientras me dejo llevar. Sin embargo, en un momento determinado comenzaron a abrirse camino en mi conciencia las ventajas del metro, las más obvias, está claro, su velocidad constante y la regularidad en las frecuencias que garantizan, salvo imprevistos, la puntualidad, pero también asomaba alguna otra no tan obvia, como es la facilidad que descubrí para la concentración y el ensimismamiento y todo ello hizo que mis preferencias en el transporte fuesen virando de un medio a otro.

Cada vez que iniciaba el descenso por las escaleras hacia el vestíbulo lleno de máquinas expendedoras de billetes y de tornos que dan acceso a los andenes, notaba en mí un ligero pero excitante hormigueo, como el que se experimenta cuando se va a emprender una aventura. Conforme iban pasando los días, se fue configurando alrededor de este hormigueo una actitud que solo podría describir, para mi asombro, como reverencial, como si al bajar tramos y tramos de escalones me fuese acercando a algo indefinible, indescriptible, inexplicable y poderoso, es decir, inefable. Ocurrió, además, que cuando ocupaba alguno de los asientos vacíos del vagón y el tren iniciaba la marcha, entraba en un estado en el que los parámetros espacio-temporales parecían suspenderse y me sumía en una apacible ligereza de espíritu, no tenía prisa por llegar, no me incomodaba nada, no me impacientaba, no había el menor signo de impulso a la acción, pareciera como si lo único que tuviese que hacer fuera sentarme y estar, simplemente eso, estar. No entender nada de lo que me estaba ocurriendo y mi tendencia natural a analizar la realidad, me llevó por un lado a establecer una vaga analogía entre el Metro y la Psique y, por otro, a que me preguntara por lo que podría representar el Metro para que una parte desconocida de mi psiquismo lo hubiese elegido como huésped al que acogerse. La vaga analogía no pasaba de comparar el autobús, que circula por la superficie, con la Consciencia, y el metro, que transita por el subsuelo, con el Inconsciente. Además, se me ocurrió que este último tiene líneas más superficiales y de fácil acceso desde y a la calle que podrían representar el inconsciente personal, pero también tiene otras en niveles muy profundos que equivaldrían a esa parte de la psique individual que linda con el inconsciente colectivo, donde psique y materia apenas sí se diferencian.

Cuando la intensidad de la experiencia comenzó a disminuir y dejé de hallarme hipnotizada por lo inefable, surgió un impulso exploratorio de las instalaciones, algunos de cuyos elementos, como los ascensores, jamás había utilizado y esto me situó en otra dimensión perceptiva de lo que es el acceso y salida de las estaciones correspondientes; por ejemplo, podemos utilizar las escaleras convencionales, lo que nos exige un esfuerzo físico, pero también podemos optar por las escaleras mecánicas, que, a su vez, nos ofrecen dos modalidades de uso, la de colocarnos sobre un escalón y ascender o descender de un nivel a otro sin el menor gasto energético, o la de situarnos sobre ese mismo escalón pero añadiendo al trabajo mecánico natural de la escalera el generado por nuestras propias extremidades inferiores al subir escalón tras escalón por el lado izquierdo de la misma, dejado libre tácitamente por todos los usuarios para quien quiera controlar el ascenso y el descenso.Es obvio que cualquiera de estas opciones responde a una situación personal concreta que expresa un ánimo determinado, un deseo, una necesidad o una motivación,lo que a su vez hace que se pongan en acción otros componentes energéticos como la voluntad, y me pareció que este escenario presentaba muchas similitudes con el de la vida en general.

Después de experimentar con las escaleras, pasé varios días utilizando solo los ascensores; la primera vez fue también un impulso, no una decisión, lo que me llevó a encerrarme en una cabina más o menos grande con un grupo de desconocidos.Yo creía que los ascensores, todos los ascensores de toda la red de Metro, conducían directamente de la superficie al andén y, sin embargo, no siempre es así, pues algunos bajan casi a pie de raíl mientras otros se quedan en alguna planta por encima, lo cual no solo me pareció curioso sino que me hizo reflexionar ligeramente sobre los diferentes terrenos y diseños de instalación adaptados a los mismos, esdecir, sobre el “contexto”, sobre el “medio”. Una tarde cogí uno de ellos en el andén, ningún otro ser humano se sumó al viaje, me hallaba sola en el cubículo; pulsé el botón de subida, la cabina se puso en movimiento y algo muy sutil del orden de lo propioceptivo me hizo sentir que había algo raro, así que me giré hacia el punto de donde venía y vi una luz al fondo,volví a darme la vuelta hacia el punto de destino y también vi otra luz al fondo, entonces me di cuenta de que lo extraño se hallaba en el trazado del trayecto pues el desplazamiento de un punto a otro no se realizaba en vertical, como suelen hacer los ascensores, sino sobre un plano inclinado que me recordó inmediatamente a los funiculares, por lo que pasé a denominar a este ascensor “ascensor-funicular”. Podía ver de dónde venía y adónde iba pero no dónde estaba, sentí miedo de que se cortara la energía y me quedara colgada en medio de la oscuridad porque nadie sabía que estaba ahí, me acordé del Minotauro en el centro del laberinto, pensé que éste, el laberinto, podía ser otra metáfora del Metro y en una nueva ampliación de la analogía entre Metro y Psique entendí los brotes depresivos o psicóticos, aquellos en los que uno se queda encerrado y no hay ningún hilo y ninguna Ariadna que le ayuden a salir, solo el combate entre vida y muerte psíquica, sentí que yo podía ser a un tiempo el Minotauro y Teseo, el que va a morir y el que va a matar.

A pesar de la relación establecida entre mundos tan dispares, Metro y Psique, nunca perdí de vista que todo era pura hipótesis y especulación, nada contrastable y, por ello, tampoco nada desechable, pues la experiencia partía del impulso y de la percepción, es decir, del inconsciente, no de la razón.Fue en uno de esos trayectos subterráneos cuando me vino a la memoria la imagen de los alquimistas de la Edad Media con sus retortas y alambiques, concentrados en tratar de transformar la materia prima de los metales en oro, inconscientes de la proyección que de su propia psique estaban haciendo sobre dicha materia, y pensé que había una alta probabilidad de que a mí me estuviese ocurriendo algo parecido, es decir, que estuviese haciendo una proyección de mi psique yque el Metro fuese el equivalente moderno del trabajo alquímico. Marie Louis von Franz, en Alquimia (conjunto de conferencias dictadas en 1959 en el Instituto C. G. Jung de Zürich, p. 26), dice:

“Los alquimistas creían que estaban estudiando los fenómenos desconocidos de la materia y se limitaban a observar lo que sucedía y a interpretarlo de alguna manera, pero sin ningún plan específico. Aparecía un terrón de alguna materia extraña, pero como ellos no sabían qué era, hacían una conjetura cualquiera, que por supuesto sería una proyección inconsciente, pero en ello no había una intención ni tradición definidas”. 

Me pareció que el anterior párrafo corroboraba mis percepciones, esos“hacer una conjetura cualquiera”, o “una mera observación”, o “llevar a cabo interpretaciones que no responden a una intención o tradición”respondían con bastante exactitud a mi actitud ante la extraña experiencia que estaba viviendo y reflexioné, también ligeramente, acerca de la incapacidad del ser humano para aceptar el misterio, para vivir sin hallar explicaciones reaseguradoras y cómo ello nos conduce con tanta frecuencia al pensamiento mágico que, en el caso de los psicólogos y/o analistas, se suele presentar disfrazado de conocimiento.

Un mes después de estos sucesos no puedo decir en qué se ha traducido el incesante ir y venir por debajo de Madrid a lomos de una energía materializada en convoyes de metro, escaleras mecánicas y ascensores; mi vida no ha cambiado mágicamente, tampoco mágicamente se ha producido una revelación sobre el propósito de la misma o las intenciones del universo respecto a mí, solo sé que una necesidad inconsciente me condujo a aceptar una vivencia incomprensible y también sé, con toda certeza, que ello produjo en mí algún cambio energético y este cambio energético surtió unos efectos que, sin embargo, nunca podré identificar; sé que algo importante me ha ocurrido pero este saber pertenece ya al nivel de las “creencias”. En “Instinto e Inconsciente” (O.C., Vol. 8, párrafo 270) Jung habla de“…los instintos como impulsores de actividades a partir de una necesidad sin motivación consciente”; la vida nos proporciona experiencias cuya causa u origen no podemos rastrear porque no pasan por la consciencia, porque surgen de lo más profundo de la psique, de ese nivel a caballo entre el espíritu y la materia que, también a decir de Jung, es incognoscible e inabordable, salvo quizás, añado yo, desde la pura percepción.

Continue reading

Posted in Uncategorized | Leave a comment