MELANIE KLEIN III

(Continuación de Melanie Klein II)

Decíamos también que Ana Freud presentaba una serie de argumentos teóricos en contra de la técnica de juego ideada por Melanie Klein. No pone objeciones a que se aplique el juego como observación, pero si las pone en cuanto se trata de su utilización para tratamiento. Considera sin embargo Melanie Klein al juego como una gran ventaja, piensa que éste permite una conexión directa con el inconsciente del niño, aunque como es natural, lo mismo que en el adulto se observan resistencias que en los niños se manifiestan frecuentemente por la aparición de la angustia (cambios de juego, abandono, pateo de juguetes, o bien directamente sobreviene una crisis de angustia). Indudablemente todos estos fenómenos han de ser interpretados continuamente. Sólo a través de la interpretación que es la que va liberando y aliviando la angustia, se va ganando el acceso progresivo al inconsciente del niño, lo cual le permite seguir fantaseando y creando nuevos focos de angustia en los que se puede ir penetrando. Si a veces el niño no utiliza la palabra no es por que no sabe, sino porque le produce un monto excesivo de angustia, mientras que el juego, al estar en este la representación simbólica un poco más alejada del mismo niño que la propia palabra, las asociaciones pueden aparecer con mayor soltura y con menos temor a los de algún modo expresado. Lo que es evidente es que si lo que se teme por parte del terapeuta es movilizar el complejo de Edipo, no deben emplearse la técnica de juego, pero que si se emplea se va a hacer parte ineludible tener que penetrar en este, a partir de lo cual no se pueden poner límites al análisis en ningún sentido

Otro aspecto que separan notablemente a estas dos autoras, es su distinto concepto de la transferencia. Opina Ana Freud que los niños no existe una verdadera neurosis de transferencia, como existe en los adultos. Aduce el argumento teórico de que los niños no están capacitados para ello, por tener a los padres todavía, como objetos de la realidad. Sin embargo Melanie Klein piensa que de hecho existen esas transferencias puesto que los padres, objetos originarios hace mucho que dejaron de serlo porque se fueron transformando en imagos.

Los niños expresan sus sentimientos y reacciones de manera distinta a como lo hacen en su casa y además las reacciones afectivas se modifican según la forma en el momento en que se encuentran. Tampoco está de acuerdo con Ana Freud en atraer hacia sí la transferencia positiva y alejar la negativa, ya que ésta, no elaborada, irá dirigida contra las personas con las que el niño está vinculado en la vida diaria.

También siguen estando en desacuerdo en lo que se refiere al superyo. Para Ana Freud en superyo infantil es casi idéntico a las exigencias de los padres, para ello se basa en los presupuestos evolutivos del superyo expuestos por Sigmund Freud. No piensa lo mismo Melanie Klein para quien, si bien el yo del niño no es comparable al del adulto, no ocurre lo mismo con el superyo, el cual está más próximo al individuo más crecido. Para modificar este tremendo superyo infantil (cuyo origen estudiaremos más tarde) es necesaria una verdadera investigación en todo el complejo edípico.

Todavía siguen las diferencias en cuanto a cómo hay que actuar cuando las tendencias inconscientes del niño se han hecho conscientes. Cree Ana Freud que no se puede esperar a que el niño asuma por sí mismo la total dirección y y que ha de ser el analista el que guíe al niño en este aspecto tan importante. Melanie Klein lo que piensa es que el análisis debe seguir avanzando.

En realidad cuando comparamos a las dos autoras donde parece verse la mayor diferencia es que Ana Freud no parece intentar un análisis tan profundo, evitando intervenir entre el niño y sus padres para que no peligre la educación del hogar. Y es éste no ahondar en el complejo de Edipo lo que marca las diferencias de las dos y sus respectivos métodos de trabajo.

Esta vieja disputa del año 27 tuvo su colofón por parte de Ana Freud con la publicación en el año 1947 de un nuevo libro, donde en el prefacio y en la tercera parte presenta varias modificaciones, declarando que, en lo que concierne a la parte educativa ya no es necesaria. Acepta también, por lo menos en parte, la técnica de juego. También disminuyó la edad del poder aplicar la técnica de análisis admitió también que se podían analizar niños con perturbaciones psicóticas. Y finalmente reconsideró la fase introductoria, considerando que es innecesaria, sobre todo para aquellos casos que directamente se pueda penetrar en las primeras resistencias con medios analíticos. A pesar de la aproximación de Ana Freud a los puntos de vista kleinianos, se piensa Melanie Klein de que nunca ha querido comprender que aparte de la interpretación simbólica del juego, también trabaja con el lenguaje, los sueños diurnos, los sueños, relaciones emocionales con el mundo exterior, etc. Por otra parte, esta discordia empujó a Melanie Klein a sistematizar sus conocimientos, publicado su libro “El Psicoanálisis de Niños” en el año 1932.

En un principio, las aportaciones de Melanie Klein fueron bien acogidos en Londres, en parte porque rompía las aportaciones estereotipadas de los primeros analistas, además, porque era apoyada por E. Jones y también por sus originales puntos de vista. Llegó a haber tres subgrupos en la sociedad psicoanalítica inglesa; los que apoyaban a Melanie Klein, los que eran partidarios de una mayor ortodoxia y finalmente los que querían ser más eclécticos y pensar con mayor libertad, participando de toda clase de conocimientos. Se decidió, entre los años 43 y 44, tener una serie de discusiones en cuanto a la controversia que kleiniana, si bien el resultado no fue concluyente. Con los años, los grupos puramente kleinianos o puramente freudianos han decaído siendo el grupo intermedio o el que tiene mayor vigencia. Quien dirigió la batalla contra Melanie Klein fue Edward Glover, lugarteniente de Jones y quien todavía cuando ya había acabado la batalla escribía… “el grupo de Klein sigue a Rank al atribuir el desarrollo mental y todas las variaciones del trastorno mental a una situación traumática ocurrida no en el nacimiento sino poco después de este; sigue a Jung al atribuir poder dinámico y de desarrollo a las fantasías arcaicas”.

En esta disputa ocupó lugar prominente la hija de Melanie Klein Melitta Schmideberg, médico y analista, la cual se entrevistó con su madre mientras estuvo en tratamiento con Edward Glover. Madre e hija se criticaron mutuamente el público y parece ser que la señora Klein sufrió mucho por esta circunstancia posteriormente Melitta fue alejándose de psicoanálisis por el cual se había enfrentado con su madre. K.

También sufrió Melanie Klein la muerte de su hijo mayor, Hans, a los 17 años en un accidente de montaña y que según la manera de pensar de su madre fue la expresión de un suicidio.

En general, han sido del grupo intermedio inglés donde han surgido los psicoanalistas más originales, como Balint y Winnicott.

Pero volviendo a Melanie Klein y para terminar esta introducción antes de penetrar en su obra podemos decir que esta autora tuvo y apreció más los sentimientos religiosos que Freud y en la forma de comprender muchos aspectos de su obra vemos el hincapié que hizo en teorizar sobre el hecho de que cuando somos buenos nos sentimos mejor.

Continuará…

 Apuntes cedidos en su día por la Dra. Mª Luisa Herrero

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