MELANIE KLEIN IV

FANTASÍA, INSTINTO DE MUERTE, ENVIDIA, VORACIDAD Y CELOS.

 (Continuación de Melanie Klein III)

 El término “fantasía” se ha aplicado, normalmente, para los pensamientos conscientes también llamados ensueños diurnos. Se utiliza, además, para indicar un contraste con la realidad externa”, si bien, como ya iremos viendo, esta apreciación subestima la propia realidad interna la cual es capaz de trocar o modificar la percepción.

Toda la obra de Melanie Klein se asienta sobre otro concepto de la fantasía; la fantasía inconsciente, comprendida y definida esta como el correlato psíquico del instinto. Se trata de la expresión mental del instinto y que como éste, existe desde el comienzo de la vida. No puede existir, por lo tanto, ningún impulso ni ninguna necesidad instintiva, que desde las edades más precoces no vaya acompañado de su correspondiente fantasía inconsciente. Es precisamente que gracias a esta fantasía, todos los impulsos, todos los sentimientos y todas las formas de defensa poseen una vida mental propia del humano, confiriendo por ello a todo sujeto nacido las bases en un progresivo desarrollo, tanto en lo que se refiere a su o hominización (problema en relación con la especie), como lo que se refiere a su propia individualidad (problemas relaciónados con el desarrollo personal).

Como es lógico, el objeto de dichas fantasías será el adecuado para cada fase del desarrollo, esto es, el que ocupa el lugar más necesitado y por lo tanto significativo y que duda tiene de que por significativo y necesitado también será verdaderamente problemático. Pero gracias a ellas es cómo surgen las direcciones, los propósitos y las finalidades en el ser en crecimiento. Son las que convierten al fenómeno vida, en vida humana. Toda la obra de Melanie Klein se extiende, como ya iremos viendo, en el contenido de las mismas y en su comportamiento, la proteico y cambiante como la vida de los contenidos de los sueños.

Como la creación en las fantasías es una función del yo, de las cuales es mediador, surge por ello el problema de tener que atribuir al yo del bebé un grado de organización mayor del que le atribuía Freud, lo cual ha sido un motivo de polémicas. Pero es que hay que tener en cuenta que desde que el bebé nace a de enfrentarse con el impacto de la realidad, desde la dureza del nacimiento hasta la necesidad de alimentarse, conservar el calor etc. Precisamente son estas experiencias frente a la realidad exterior las que inmediatamente desencadenan el trabajo mental de las fantasías inconscientes, las cuales, a su vez, incluyen fundamentalmente en las formas de sentir las propias experiencias frente a la realidad externa.

Las fantasías inconscientes, pueden ser consideradas como mecanismos de defensa, puesto que su objetivo es el de satisfacer los impulsos instintivos y, creo yo, empezar a comprender el mundo.

Estas fantasías primarias están todavía muy lejos de su posible formulación en palabras, y por lo tanto, también muy lejos del pensamiento consciente racional; no son fantasías determinadas por el pensamiento lógico, sino que están propiciadas por otro tipo de lógica, la lógica de la emoción. Aún en el adulto y cuando ya está desarrollado en lenguaje, estas fantasías verbales persisten conjunta e independientemente de las propias palabras, porque los profundos sentimientos y significados, son mucho más antiguos que el lenguaje. Y esto tanto en lo que se refiere a la historia y experiencias del tronco humano, como lo que se refiere a la niñez e historia de cada individuo. Más adelante, y comentando los estudios de otros autores, veremos con más claridad la excisión que se produce entre la esencia del individuo y la palabra, y de qué manera esta es siempre insuficiente para hacer referencia a la riquísima experiencia afectiva de los hechos percibidos, sentidos o aún imaginados.

También las imágenes visuales son un poco posteriores a la iniciación de la vida emocional, si bien las imágenes que se presentan en nuestros sueños pueden tener una elevadísima carga emocional.

La primera “alucinación” o realización de deseos fantaseada está propiciada por la sensación y el afecto. El niño con hambre o malestar nota en su boca o vísceras sensaciones cuyo significado para el es, o bien le hacen algo, o bien es él el que hace lo que desea o teme. Las propias contracciones estomacales provocadas por el hambre puede ser ya el origen de fantasías inconscientes de morder o ser mordido. Y es de esta manera como, desde el comienzo de la vida, una realidad subjetiva e interna va estrechamente ligada al a la percepción de la realidad objetiva, entrelazándose en el terreno de la fantasía inconsciente y de una manera muy íntima, el mundo subjetivo con la realidad objetiva. A partir de aquí y a medida que el desarrollo avanza, van a intervenir también en estos dramáticos juegos los órganos de los sentidos con sus progresivas contribuciones, si bien permaneciendo como básico y estructurante la interpretación del mundo externo, a partir de las vivencias internas, y a su vez estas, se estructurarán con arreglo a como es percibido el mundo exterior.

Toda clase de impulsos del bebé, como también sus propias excreciones, pueden ser vividos en las experiencias infantiles tanto buenos como malos, y como el niño tiene tan pocos recursos a su alcance para demostrar su amor y su odio, tiene que echar mano de sus propios productos (su capital) y su limitada acción corporal (su poder) para manifestarse. Tanto su sonrisa, como su llanto, su voz, su orina y sus excrementos son vehículos expresivos de sus sentimientos.

Las fantasías más tempranas pertenecen al dominio de lo que Freud llamó “proceso primario”. En esta situación iniciática, la experiencia está gobernada por respuestas de “todo o nada”, y por lo tanto la ausencia de satisfacción no puede ser relativizada, no puede quedar temperada por ningún tipo de consideración, por lo que es vivida como la provocación de un verdadero daño. Además de que en este “proceso primario” está ausente el sentido del tiempo, la capacidad de discriminación de la realidad externa, la contradicción y la negación.

Relacionados con estas fantasías precoces surgen unos métodos o mecanismos fundamentales de funcionamiento de la vida mental llamados “introyección” y “proyección”. Por introyección entendemos el mecanismo psíquico a través del cual nos apropiamos de los contenidos psíquicos del mundo externo. Introyección es el equivalente en el plano psíquico al de ingestión en el plano físico, si bien ambos se desarrollan parejamente. Por proyección se entiende el mecanismo contrario, es decir, la colocación o abandono de elementos del yo, lo cuales son atribuidos a personas o cosas del mundo externo. El mecanismo de introyección, aunque está en íntima relación con la apropiación del pecho de la madre, tiene una significación más amplia.

Es la fantasía la que media entre el instinto y los mecanismo del yo a los que acabamos de referir, porque cualquier actividad que parte de los impulsos instintivos para su realización necesita de la fantasía concomitante, que, en último término, es esta la que propone los objetivos fundamentales para cualquier acción, como son el objetivo concreto destinatario de la acción y el fin, es decir, el que hace con él.

Aunque las fantasía no tienen realidad objetiva externa, que son fenómenos estrictamente psíquicos que no pueden ser tocados ni vistos, no obstante producen efectos totalmente reales  que se extienden más allá del mundo interno de la mente, influyendo en el desarrollo corporal y en la conducta del sujeto, y por lo tanto, también en los cuerpos en las mentes de otros sujetos. La mera creencia del bebé en el haber introyectado un pecho gratificante, y por ende bueno, va seguido de la creencia en su propia bondad; en tanto que en este mismo bebé o en otro cualquiera, la introyección o reintroyección de un pecho malo, mordido y torturado, de lo que es seguido es de la creencia en su propia maldad. Estas alternativas, positivas y negativas frente a sí mismo y el mundo externo, condicionan profundos cambios de la conducta del niño, lo cual, y como consecuencia, condiciona la conducta de sus cuidadores.

Todos los impulsos del ello se transforman en mecanismo del yo a través de la polifacética fantasía y siguiendo las siguientes etapas:

a)      Las primeras fantasías se construyen sobre los impulsos orales que van ligados al gusto, olfato, tacto y sensaciones cinestésicas y viscerales, vinculándose sobre todo, con la experiencia de tragar. En este momento existen my pocos elementos visuales.

b)      Estas sensaciones empiezan a constituir una primera experiencia corporal, si bien con escasa capacidad para relacionarse con un objeto externo como tal, pero son capaces de ir confiriendo a la fantasía una cualidad corporal concreta, una especia de “yo-idad” experimentada en el propio cuerpo. En esta etapa, la piel todavía no es percibido como límite entre las realidades interna y externa, ni siquiera se pueden distinguir las imágenes de las sensaciones reales y percepciones exteriores.

c)      Poco a poco aumenta el elemento visual de la percepción el cual es intensamente vivido, aunque con frecuencia puede confundirse con lo fantaseado.

d)      Empiezan a predominas los elementos visuales sobre los somáticos, y son estos elementos visuales lo que al diferenciar e integrarse espacialmente, permiten que vaya surgiendo la diferencia entre mundo interno y mundo externo. Las “imágenes” surgen, porque a los elementos visuales que se refieren al exterior, van siendo en parte reprimidos, se les priva de la emoción y de las propias ataduras personales, transformándose en las “imágenes” de objetos externos que ya se reconocen como tales.

e)      Estas imágenes así constituidas, por el hecho de estar en la mente, afectan al aparato psíquico, influyendo sobre los sentimientos, la conducta y el carácter. Ocurre esto porque van acompañadas de elementos somáticos reprimidos e inconscientes, dentro del mundo inconsciente del deseo y la fantasía.

Va siendo la propia realidad exterior la que fuerza al niño a prestarle la atención necesaria a partir de las primeras venticuatro horas de su existencia, siendo ya los fenómenos que entonces ocurren los que deben aportar ya los materiales necesarios para que se inicie la fantasía y la memoria. En un principio la psique trata de la misma manera a los estímulos procedentes de dentro como de fuera a través de los mecanismos de proyección e introyección. Pero precisamente y de acuerdo con Freud, es la desilusión que acompaña a la satisfacción alucinatoria la que fuerza la iniciación de adaptarse a la realidad. Y ya, a partir de aquí, toda clase de aprendizaje depende del deseo, la curiosidad y el temor.

Las dos formas de pensamiento, la realista y la fantástica pueden entremezclarse. Pero no solo ocurre eso, sino que parece ser que el pensamiento realista no puede desenvolverse sin la presencia y el apoyo de las fantasías inconscientes.

Melanie Klein adoptó el punto de vista de S. Ferenczi acerca de la identificación primaria. Esta identificación surge del esfuerzo que realiza el bebé para volver a descubrir, en cada objeto, sus propios órganos y el funcionamiento de estos. Esta necesidad de redescubrimiento es considerar como la precursora de la simbolización. También la Sra. Klein adoptó el punto de vista de E. Jones, para quien a partir del principio del placer, se hace posible el que dos objetos distintos puedan ser mentalmente equiparados gracias a la creación de un vínculo afectivo de interés. Pudo demostrar la Sra. Klein, a través de abundante material clínico, de que manera la función simbólica primaria de los objetos externos permite que el yo elabore fantasías a través de juegos y manipulaciones, surgiendo de esta manera las sublimaciones a través de dichos juegos, los cuales van construyendo un puente entre el mundo interno y el externo por donde circula la libido, que en lugar de estancarse corre vivaz hacia nuevos objetivos. Así surgen el interés hacia el mundo exterior, el cual queda en gran parte libinizado a través del proceso de la elaboración de símbolos. Precisamente es a través del juego espontáneo como el niño crea y fomenta las primeras formas del pensamiento que refieren al “como si…”. Ante una necesidad emocional presente el niño, en sus juegos, evoca situaciones pasadas “como si…” y de paso va adaptando su juego para resolver la situación afectiva planteada en el presente. Las modificaciones que va introduciendo, parece que tienen una estrecha relación con la posibilidad de poder evocar el futuro en hipótesis constructivas y por tanto desarrollar las consecuencias de los “si…”. Por eso  el juego imaginativo del niño es muy significativo, no solo ya por las posibilidades de adaptación al presente sino porque se abren el camino futuro hacia la ciencia, el arte y cualquier tipo de razonamiento hipotético.

Continuará…

 Apuntes cedidos en su día por la Dra. Mª Luisa Herrero

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