MELANIE KLEIN VIII

melanie

(Continuación de Melanie Klein VII)

El término de « regresión » ha sido utilizado por Freud para referirse, fundamentalmente, al movimiento de retroceso de la libido. Este concepto de “regresión de la libido” está íntimamente ligado a las conclusiones freudianas en torno al curso de la libido, conclusiones, que abarcan un progresivo desarrollo, puntos de fijación y regresión.

La sexualidad, que como ya sabéis, para Freud es el exponente libidinal, pasa por varias fases: (oral, anal y genital). El fin de cada fase, o mejor dicho, la finalidad, está condicionada por el predominio de la zona erógena en cada etapa. Estas fases o etapas sucesivas no desaparecen del todo, sino que según avanza el desarrollo libidinal se van supeditando progresivamente, hasta que al final, todos los impulsos llegan a integrarse bajo la primacía del órgano genital.

El orden de este desarrollo está determinado biológicamente, aunque cada fase de su historia es muy sensible a los acontecimientos psíquicos y a las influencias externas. Precisamente son estos factores internos y externos los que pueden detener este progresivo desarrollo, condicionando que una parte de la libido quede detenida en su avance y fijada en cualquier punto o momento de donde surgen las dificultades. Estos son los “puntos de fijación”, siendo definida por Freud la fijación como “un apego particularmente estrecho del instinto a su objeto”

Las fijaciones tienen tres órdenes de consecuencias:

  • En primer lugar, dificultan el progresivo desarrollo sexual.
  • Como segunda consecuencia hemos de tener en cuenta que puede limitar la capacidad del sujeto para la sublimación, ya que, como sabemos, esta depende en cierto grado del renunciamiento a los objetos primarios y a las formas de satisfacción directamente instintivas, a favor de objetos y formas de actividad simbólicos.
  • En tercer lugar también puede llevar a la inhibición del desarrollo del yo, cuando este renuncia a determinadas funciones que están ligada a fijaciones tempranas.

Este concepto freudiano y clásico de las causas de la regresión siempre acentuó el estancamiento de la libido, que, como ya hemos visto, podría surgir bien por factores externos (frustración) o internos (fijación, inhibición del desarrollo o incremento biológico de la libido como ocurre en la pubertad y en la menopausia). En cualquiera de estas situaciones se provoca un aumento de la libido, la cual no pudiendo ser adecuadamente utilizada perturba el equilibrio psíquico y produce una tensión intolerable. En último término se hace patente el factor cuantitativo de la libido como un factor de gran importancia. También es observable que, en toda enfermedad mental, existe cierta forma y cierto grado de regresión de la libido a puntos de fijación tempranos.

Pero a diferencia de Freud, la escuela de Melanie Klein no tiene en cuenta tan solo la evolución de la libido, sino que también tiene muy en cuenta el instinto de muerte con su correlativo exponente de agresión. Hasta tal punto esto es tenido en cuenta que llega a considerar a la regresión como estrechamente ligada al fracaso de la libido en el dominio de los impulsos destructivos y a la ansiedad concomitante.

Por lo tanto, la enfermedad mental no se encontraría tanto en la regresión de la libido como se encontraría en la irrupción de los fines destructivos primarios. M.K. considera que existen unos puntos determinados que son los factores causales de la fijación y de la regresión. En primer lugar se encuentran los sentimientos, los cuales están profundamente afectados, tanto en lo que se refieren a su cualidad como a su intensidad, y según el estadio del desarrollo.

Cuando nos paramos a considerar las distintas posiciones del desarrollo infantil ya tuvimos ocasión de comentarlos. Son estas emociones las que contribuyen a determinar las fijaciones, y por lo tanto, la historia posterior de la libido.

Además del amor y el odio, la influencia de la ansiedad sobre todo en el desarrollo libidinal es muy compleja. Cuando está intensamente estimulada contribuye a una fijación de la libido en ese punto dificultando la evolución progresiva. Pero curiosamente, estas fijaciones provocadas por la ansiedad, en parte, deben entenderse como una defensa contra ella, porque, si como ya habíamos visto, la ansiedad surge de la agresión, esta agresión que provoca tan grave malestar ha de ser dominada.

Se trata entonces de un difícil trabajo encomendado a la libido, ya que será necesario dominar y neutralizar a los componentes agresivos. Mientras la libido tenga por delante y como objetivo esta función, no puede avanzar libremente hacia otros nuevos fines; es libido utilizada, fijada, no disponible para la genitalidad.

Freud había señalado que era la frustración la que inicia la regresión, sin embargo, la escuela kleiniana considera que la regresión no es fruto tan solo de la mera paralización, sino que considera que la frustración hace surgir el odio y la agresión y que este odio y esta agresión provoca a su vez, ansiedad.  Y estos sentimientos una vez que se han puesto en marcha, reactivan el sadismo pregenital siempre presente. Esta es la situación que hace a la libido retroceder hacia sus formas anteriores con el fin de volver a neutralizar estas peligrosas fuerzas. No obstante, cuando la ansiedad no es abrumadora, contribuye a estimular la libido en su desarrollo progresivo.

Como es lógico, solo se comprende la forma en que actúan los impulsos y los sentimientos para provocar la fijación la regresión si se tienen en cuenta las fantasías que tan importante papel juegan. Acordaros que ya Freud habló del papel preponderante que ocupan las fantasías en las reminiscencias que padecen la histérica y en las neurosis obsesivas. Fue a partir de este conocimiento como pudo Freud elaborar el concepto de “realidad psíquica”  como diferente de realidad externa o material.

M.K., ahondando en los procesos psíquicos ha encontrado que el factor más poderoso en las fijaciones orales es la ansiedad provocada por las fantasías canivalísticas , pues el miedo al objeto interno, que esta devorado y destruido, solo puede aliviarse por el placer oral continuo.

Aparte del componente destruido en las regresiones, la escuela kleiniana considera que hay una superposición entre las diferentes fases del desarrollo. Pero es que, además, también tiene en cuenta la existencia de un continuo movimiento regresivo y progresivo, como una especie de oscilaciones, a veces muy rápidas, entre los diversos momentos emocionales y toma de posturas, aunque la situación básica esté presidida por una y otra fase.

Dado que ya habíamos visto la precocísima  implantación del superyo en los esquemas conceptuales de la Sra. Klein, piensa que hay que conceder un papel importante a este precoz superyó dentro del proceso regresivo, porque, una vez puesta en marcha la regresión, entra en juego el temor al superyó, esto es, al objeto interno que se venga y odia, y que a su vez, estimula la necesidad de odiar y luchar con todas las armas del sadismo pregenital.

Otro progreso importante en la comprensión y utilización de la regresión que se ha logrado principalmente gracias a los trabajos de la Sra. Klein con niños y psicóticos, es que la fijación puede enfocarse no solo negativamente, sino también fructíferamente, no solo bajo el punto de vista de pérdida de terreno, sino también desde el punto de vista de la progresión. (Os recuerdo también los trabajos de Jung referentes a este punto)

Como por motivos de programación no hemos podido estudiar a K.Abraham que el  psicoanalista de M.K. cuando esta residía en Berlín, creo, no obstante, que hemos de tener presente que este fue el precursor de M.K. en el estudio sistemático del papel que juegan los impulsos destructivos en el desarrollo humano. En el año1924 publicó su libro “La evolución de la libido” y si bien es cierto que para entonces ya había publicado Freud “Más Allá del Principio del Placer” no por eso vínculo sus conocimientos acerca de la destructividad con el instinto de muerte. Pero pudo demostrar que, en distintas enfermedades mentales, los instintos destructivos también tienen una evolución.

Abraham subdividió la fase oral en dos estadios: el de succionar y el de morder, vinculando este último con la aparición de la dentición.  A diferencia de M.K. sostuvo que el estadio primero, el de succión, estaba exento de impulsos agresivos, siendo el segundo, el de devorar mordiendo, donde aparecía el primer fin destructivo. Mientras en el segundo periodo de la fase anal aparece una modificación de los instintos muy digna de ser tenida en cuenta. En ella predomina la retención, evitando el intento de completa destrucción de las fases anteriores, pero pagando el objeto así tratado el precio de estar sometido, retenido y controlado. Y según Abraham, en el estadio final del desarrollo, la fase genital, es cuando desaparece la ambivalencia y hay completo amor al objeto.

            Continuará…

Apuntes cedidos en su día por la Dra. Mª Luisa Herrero

Advertisements
This entry was posted in Uncategorized and tagged . Bookmark the permalink.

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s