LA RELIGIÓN PARA LA JUSTICIA – JOSE MARIA LIZUNDIA

La sentencia absolutoria de Rita Maestre de su asalto a la capilla de la Complutense ha hecho correr ríos de tinta sobre el ponente y el tribunal. Lo que he leído de la sentencia es de una incultura rocosa. A los garantes de la libertad religiosa se les debería exigir un mínimo conocimiento del fenómeno religioso. Básicamente la sentencia distingue entre cosas sagradas: el sagrario, el altar y demás objetos litúrgicos y el espacio que los contiene, no ungido de sacralidad. Ocurrió que las asaltantes se abstuvieron de tocamientos “sagrados” en un espacio exclusivamente euclídeo. Parece mentira que quienes han dedicado tantas horas a estudiar con fervor religioso no hayan oído hablar de los “espacios sagrados”. Para empezar, los cementerios sioux o apaches ya lo eran, y no con gente orando, sino muerta.
George Bataille escribió que, como es sabido, a lo sagrado se le opone lo profano, y que con la transgresión o profanación de lo sagrado, cobra ello su mayor potencia.
Nietzsche sostenía que los enclaves en los que se levantaron templos, dada su sacralidad (hierofanía), determinaban que el nuevo culto se instalara en el “espacio” del anterior.
El psicoanalista Carl Gustav Jung mantuvo que en el ser humano existía una función religiosa. Contra la tesis del Tribunal de inventariar enseres sagrados con criterio de almacenero, Jung hacía subjetiva la función de lo sagrado.
Mircea Eliade, padre de la historia de las religiones, en “Lo sagrado y lo profano” ilustra de la experiencia religiosa la no homogeneidad del espacio. El espacio sagrado es el real, existe realmente, y el resto que lo rodea es informe. Evidentemente, ningún fundador de ciencias humanas se comportará como un mercachifle de objetos sagrados que -el Tribunal ignora- resulta lo menos o no sagrado. La mezquita Al Aqsa de Jerusalén es espacio numinoso, pero muy inferior a Jerusalén, tercera ciudad sagrada del islam.
Ya que la capilla de la Complutense es católica, el Tribunal con solo leer la prensa sabría que el Vaticano (misma religión, máxima autoridad) cubrió su estatuaria de desnudos para no ofender a otra religión ante una visita de iraníes. Puso el nivel muy alto en el respeto a cualquier confesión. Así viven los católicos la dimensión universal y espacial de lo sagrado. Sin embargo, la justicia y la política son profanas, advirtió Carl Schmitt. El siglo XIX fue de las ciencias positivistas y materialistas; pero el XX, de la historia de las religiones, psicoanálisis, semiología, teoría artística, lo mítico-simbólico, hermenéutica… Escasean conocimientos contemporáneos.
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